| 19 de septiembre. Muerte de JOHN WILLIAM COOKE. |
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| domingo, 19 de septiembre de 2010 | |
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Firmante del pacto electoral con Frondizi, Frigerio y Perón en 1958, año en el que inicia una paulatina caída dentro de las verticalistas y burocráticas estructuras sindicalistas del peronismo, pero asímismo también inicia una ascendente carrera como teórico del Movimiento nacional y de la lucha de clases, comparable con Lenín, Gramsci, Mao, Fidel, Guevara, etc. A fines de 1959, Perón (ese día se había levantado con el pie derecho), enterado de las vinculaciones de Cooke con grupos peronistas combativos, revolucionarios, de "izquierda" por definición popular, escribía: "Se debe contro ar la cosa. No sea que el Bebe Cooke empuje a los muchachos hacia el lado de los bolches". Perón tampoco lo había comprendido; fue una verdadera lástima, por el salto doctrinario que se podía haber dado en aquel primer instante de la Resistencia. John William Cooke estaba detenido cuando, en junio de 1956, se produce el movimiento encabezado por el general Juan José Valle. Un comando civil lo sacó de la celda al "Gordo", junto a otros dirigentes peronistas. Algunos gorilas civiles planeaban ejecutarlo. Varios jefes militares se opusieron, y Cooke volvió a la cárcel. Desde allí se comunicaba frecuentemente con Juan Domingo Perón, quien, a propósito del intento dirigido por el general Valle, le decía: "Estos mismos militares que hoy se sienten azotados por la injusticia y la arbitrariedad de la canalla dictatorial, no tenían la misma decisión el día 16 de septiembre, cuando los vi titubear ante toda orden y todo pedido de represión a sus camaradas que hoy los pasan por las armas". (Perón-Cooke, correspondencia. Editorial Granika). Era el interlocutor de Perón, aun desde las distintas celdas que ocupó. Una de estos presidios fue el de Río Gallegos, lugar del que se escapó el 27 de marzo de 1957 junto con José Espejo, Jorge Antonio, Pedro Gomiz, Guillermo En noviembre de 1957 se fue a Caracas para hablar personalmente con Perón, quién, en la misma capital venezolana, había escrito el 2 de noviembre de 1956: "En caso de mi fallecimiento, delego en el doctor John William Cooke el mando del Movimiento". En enero de 1958 llega a Venezuela Rogelio Frigerio, con quien Perón y Cooke estudian el acuerdo electoral que colocaría en el poder a Arturo Frondizi. A propósito, en julio de 1964, ante una comisión parlamentaria, Cooke no sólo explicó los detalles de ese acuerdo electoral sino que mostró una copia del pacto firmado por Frondizi, Frigerio, Perón y él. Cooke siguió al lado de Perón, lo acompañó a la República Dominicana y, amparándose en una amnistía, regresó a la Argentina cuando promediaba 1958. En noviembre fue detenido cuando se implantó el estado de sitio y, progresivamente, siguiendo el ritmo pendular del líder (un día se levantaba con el pie izquierdo, otro con el derecho y así, aleatoriamente), fue cayendo en desgracia. Ya no era el heredero universal de Perón, ni su delegado. Marginado, eligió como lugar de residencia la capital de Cuba, compartiendo la experiencia más bella de los jóvenes latinoamericanos del siglo XX, una transformación societaria radical a favor de lo intereses nacionales y populares que, en definitiva, no era otra la conclusión social -a modo de síntesis- a que había llegado Cooke en su poca, pero relevante bibliografía. Unió su vida definitivamente con otra revolucionaria, Alicia Eguren. Como abogado, sus últimas tareas en la Argentina fueron defensas de integrantes de la tendencia revolucionaria peronista, de la que fue un importante mentor ideológico, sobre todo con los "Apuntes para la militancia". Tras su muerte se conoció su correspondencia con Juan Domingo Perón. La primera carta tiene fecha 12 de junio de 1956 y Perón la despachó desde Caracas en contestación de otra, enviada por Cooke desde Buenos Aires el 20 de mayo del mismo año. La última misiva Cooke la recibió en París en enero de 1966 y Juan Perón se la envió desde Madrid. Le agradecía a Cooke todas las referencias recibidas sobre la Conferencia Tricontinental de La Habana y la invitación de Cooke a residir en el país de los sueños juveniles; Perón se quedó en Madrid, donde aún era fuerte el predominio del vetusto dictador Franco con su fascismo de catedral y olor a incienso. |
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